Pamplona – Crónica de un viaje accidentado

He aquí la cronica de nuestro viaje a Pamplona durante el puente de la constitución. Hubo de todo: accidentes, enfermos, …. y sobre todo hubo mucho judo, muchos randoris, y una gran experiencia a repetir próximamente.

Paso previo: vestirse con el chándal de menstrucación

Paso nº1: Colocar las maletas en una furgoneta de nueve ocupantes e introducir también a nueve judocas.

Paso nº 2: Asegurarse de que el conductor no va borracho. Jose, suerte que el zumo de naranja del desayuno no dio positivo en el control de alcoholemia que nos hicieron en Barcelona. Ah, la ventanilla del conductor, al empezar el viaje, ya no podía abrirse del todo.

Paso nº3: Intentar abrir dicha ventanilla, y al no conseguirlo, hacerla explotar en mil pedazos a la salida de un peaje. Vaya…

Paso nº4: Ir sin ventanilla hasta Pamplona, tapados como esquimales, y conseguir al menos dos costipados.

Paso nº5: Recibir una supuesta furgoneta de siete plazas (a penas cabíamos cinco) y seguir metiendo a nueve personas dentro.

A parte de las incidencias ya mencionadas, todo muy bien. Entrenamos de jueves por la tarde a sábado por la mañana con los navarros, los vascos y la “selección” catalana. Un calentamiento muy divertido a base de juegos y mucho randori. Los entrenamientos no fueron demasiado “técnico-tácticos” (pum, dame un ippon); randoris con los ojos cerrados y horarios marcados por la luz solar que entraba en el tatami.

Vivimos un “Gran Hermano” de tres días pero con las mismas aventuras que en tres meses. Éramos una gran familia: cocinábamos casi todos, fregábamos casi todos… casi todos hacíamos algo.

La última noche salimos a comer pinchos y a visitar Pamplona. Había mucha gente por la calle y mucho ambiente. En fin, cuatro días de convivencia y mucho judo que esperamos repetir el año que viene.

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